Y otra vez el remolino. Sensaciones, ideas, capas de subtexto que no recordaba. Tragedias distintas dentro de la misma tragedia. Enfoques que se pisan unos a otros. Federico nunca se deja leer de una sola manera.
Esta vez quiero desnudarlo.
Quiero una Bodas pura. Fría. Tajante. Que corte como corta el cuchillo que atraviesa toda la obra. Sin adornos que amortigüen el golpe. Abrupta, como la vida cuando se rompe.
No sé bien cómo nombrarlo todavía. La palabra que me viene es cubista. Romper la historia en planos. Mirarla desde varios ángulos a la vez. La madre, la novia, Leonardo, la luna. Cada uno con su verdad, una al lado de otra, s
in suavizar las aristas.
Quizá no sea casualidad. Lorca escribió esta obra en el tiempo de las vanguardias, rodeado de amigos que estaban desarmando la mirada. Y en 2027 se cumplen cien años de aquella generación. Me parece justo volver a él con una mirada nueva.
Debajo de todo esto late algo muy antiguo. Una fuerza que ya sabe cómo termina la historia antes de que empiece.
Ya os lo iré contando.
Este es el primer paso. Ahora mismo vivo entre el texto, el cuaderno y el cuerpo, que también lee a su manera. Os iré escribiendo desde aquí, desde el taller, mientras esta Bodas toma forma.
Y os pregunto: ¿qué recordáis vosotros de Bodas de Sangre? ¿Qué imagen se os quedó dentro?
Con todo mi cariño,
Mónica Tello
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